Stepanek noquea el sueño español

El O2 enmudecía. Un gladiador, David Ferrer, acababa de reventar la burbuja de oxígeno que para ellos suponía la figura de Tomas Berdych. En un abrir y cerrar de ojos el de Jávea, inmaculado en la Copa Davis este curso (6 victorias en 6 partidos), sacaba de la pista al número uno checo, devolviendo la confianza al conjunto español y llenando de miedo un estadio de Praga que apenas un par de horas antes era una fiesta.

En uno de los rincones del cemento checo, los capitanes se agazapaban con sus dos pupilos. Corretja intentaba calmar a Nico Almagro, mientras Stepanek y Navratil jadeaban en favor de los suyos. El corazón de millones de personas pendía de las raquetas de dos tenistas poco acostumbrados a las grandes finales. La magia de la Davis volvía a presentar un partido a cara o cruz, donde la victoria o la derrota te subían al trono del tenis o podían enterrarte. En juego, la tan ansiada Ensaladera.

Pero esta vez el sueño se esfumó. La situación, la presión, el rival…todo se agigantó para un Almagro que en nada se pareció al tenista que estuvo a punto de voltear a Berdych dos días antes. Ese jugador nunca apareció en la pista checa. El murciano, atemorizado por la responsabilidad, sucumbió ante un Stepanek que tampoco trazó su mejor partido. Pero sí hizo una cosa, siguió su plan. Sirvió, voleó y fue agresivo. Era su opción y le salió la jugada, para desgracia nuestra.

Almagro murió de pie, como no podía ser de otra forma y el equipo español se fue herido de Praga, pero orgulloso, “hemos hecho un gran torneo, pero vinimos aquí a ganar”, señalaba Corretja, enrabietado por la derrota en el último punto. Tras conquistar 4 Copa Davis en los últimos años el combinado nacional no pudo volver a saborear la gloria, quedando ésta en tierras checas, donde no viajaba la Ensaladera desde 1980 cuando el gran Ivan Lendl llevó el delirio a los suyos. El relevo lo ha tomado Tomas Berdych. Y Radek Stepanek, héroe nacional por un día.

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Ferrer: “Este triunfo va para Ferrero”

Casi con lágrimas en los ojos Ferrer tomaba el micro en el Ágora para sincerarse ante los suyos, “este triunfo es especial, va dedicado especialmente a Ferrero, mi amigo”. Sus palabras desprendían sinceridad y emoción. La pista valenciana se levantaba y aplaudía a rabiar a Ferrer, que acababa de ganar un nuevo título en una intensa final ante Dolgopolov, que vendió muy cara su derrota (6-1, 3-6 y 6-4).

El de Jávea, preciso y omnipresente como siempre, ha ido al ritmo que marcaba el tenista ucraniano. Dolgopolov, la otra cara de la moneda ha vuelto a hacer gala de su habitual irregularidad. Desaparecido en el primer set e incontenible en el segundo. Ferrer, por su parte, siempre firme y sólido, siempre jugando a lo suyo, sabiendo que el partido acabaría estando de su lado.

Y así fue en el tercer acto. El mejor Ferrer seguía en la pista, tocado por una semana cargada de partidos y emociones, sin embargo, Ferru estaba igual de firme que siempre, mientras Dolgopolov acusaba una de sus idas el encuentro para ceder un último break letal. Ferrer volvía a la senda de la victoria, y con la vista puesta en esa enorme final de Copa Davis. Te queremos, David.

Del Potro, el iluminado

Fue Del Potro, apoyado en una dolencia en la espalda de Federer, el que ha roto la inmaculada racha de victorias del suizo en pista indoor, que ya venía desde París Berçy 2010. Con la lejanía en aquella gran final de 2009 en el US Open afrontaba el duelo Del Potro, que acumulaba desde aquel envite siete derrotas con Federer.

Hoy ha cambiado la película con dramatismo. Del Potro ha tenido el partido ganado en el segundo set, casi perdido en el tercero y tras un brillante tie break final se ha impuesto en la gran final de Basilea tras casi tres horas de batalla por un marcador de 6-3, 6-7 y 7-6. Los cañonazos del de Tándil se impusieron a la elegancia del campeón, que no pudo sumar su sexto título en Basilea y su séptimo entorchado del año. Además, con esta derrota, Roger Federer cederá irremediablemente el cetro mundial el próximo 5 de noviembre.

Serena Williams, maestra

Una semana excepcional de tenis en Estambul ha finalizado sin sorpresa alguna. La gran favorita, Serena Williams, se ha impuesto sin excesivos agobios a Maria Sharapova, que se vuelve a quedar a centímetros de la gloria. Tras derrotar ayer a Azarenka, buscaba el milagro de tumbar a la gigante estadounidense, pero el poderío de Serena confirma que está de vuelta y con ganas de quedarse.

6-4 y 6-3 en poco más de una hora confirman el dominio de la menor de las Williams en este final de temporada (ganadora de Wimbledon, JJ.OO, US Open y Masters Cup). La tenista estadounidense arrancará 2013 con la intención de mantener este nivel y regresar al número uno mundial, algo que tiene en su raqueta desde hace mucho tiempo.

 

El gen ganador

Murray ha dado dos pasos adelante esta temporada. Ha derrotado sus miedos e inseguridades en las grandes citas y se ha apuntado en su palmares el título olímpico y su primer torneo del Grand Slam. Sin embargo, sigo pensando que le falta ese gen ganador que sí tienen los otros tres (Federer, Nadal y Djokovic).El tenis es un deporte complicado, en el que además de jugar contra el rival (Djokovic en este caso) tienes que librar una dura batalla interior contra tu mente. Murray, lanzado en las últimas fechas, acariciaba la victoria, estaba a dos puntos de ella cuando Djokovic, de la forma más brillante posible lograba un punto para el recuerdo, con un willy y una dejada incluidas. Y ahí, en ese preciso instante todo cambiaba.

El partido se desarrolló de la única manera que puede desarrollarse un encuentro entre dos tenistas que se conocen a la perfección. El carrusel de breaks del primer acto benefició al escocés, que derribaba al serbio por un marcador de 7-5. Un set de más de una hora y lleno de imperfecciones por ambos jugadores, presos del pánico de la situación y del respeto al rival. Murray perseguía y devolvía todas y cada una de las bolas del gigante de Belgrado, mientras Nole, desde el centro de la pista bombardeaba lentamente la resistencia del británico. Pero el primer mordisco lo daba Murray y Djokovic hacía añicos su raqueta contra la moqueta.

La fiesta no había hecho nada más que comenzar. El ruidoso publico de Shanghai se lanzó en favor del serbio, con el objetivo de seguir viendo tenis, sin embargo Murray no parecía estar por la labor. Si el primer acto se caracterizó por constantes roturas de servicio, en este segundo el guión cambiaba y ambos tenistas se mostraban sólidos y eficaces desde el saque. Hasta que el escocés, con 3-3 en el marcador rompía a Djokovic y acariciaba el título. Los minutos avanzaron hasta llegar a esa bola crucial con 5-4 y 30-0. Ahí se juntaron dos fenómenos, el gen ganador de ‘Nole’ y el infortunio de Murray, un preludio de lo que iba a terminar sucediendo.

El set se marchaba a un agónico tie break que pudo caer de cualquiera de los dos lados. Djokovic, levantaba 5 bolas de partido, para terminar imponiéndose y así girar definitivamente el guión previsto. Murray cabizbajo y el serbio encendido en llamas. 2 y media después comenzaba el último asalto de la batalla.

Nunca se rindió Murray, algo que seguramente sí habría hecho hace menos de un año. Pero el físico y la confianza del número dos mundial fueron determinantes en el desenlace del encuentro. Novak Djokovic levantaba los brazos al cielo de Shanghai después de cerrar el partido por 6-3 en más de tres horas de duración. Así se sacaba la espinita clavada en la final del US Open y además vuelve a acariciar el número uno del mundo (está a solo 195 puntos de Roger). También suma su victoria número setenta del año y el quinto título, sólo por detrás de los seis de Federer. Números de campeón, números de gen ganador.

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