Skyfall, el regreso del mejor Bond

Olvidada ya la horripilante ‘Quantum of solace’, cuatro años más tarde Sam Mendes nos ha devuelto al mejor James Bond de siempre, el de Casino Royale, el de Goldeneye o el de solo para sus ojos. La saga avanza como el tiempo, rápido y de forma inexorable. Daniel Craig ha asumido el papel que esta saga merece y ha vuelto a hacer las delicias de los fieles seguidores que el agente 007 tiene. Craig, acompañado de un excepcional Javier Bardem como antagonista, el recurso siempre fiable del pasado y los clásicos ‘gags’ de la saga han devuelto al espía británico más famoso al lugar que le corresponde.

El legado de Pierce Brosman fue mutilado por Daniel Craig en ‘Casino Royale’, en la que luce esplendorosamente Daniel Craig gracias a uno de los mejores guiones que la saga ha mostrado, sin embargo, en ‘Skyfall’ el actor asume más el papel de principal y se echa a las espaldas la primera hora de cinta, hasta que Bardem hace acto de presencia. En este momento el actor español sucede a Bond como estrella de la película. Bardem, ejemplar hasta en su presentación, ofrece un auténtico recital como ‘malo’ de la película.

Bardem (Silva en la película) es un villano diferente al habitual, de hecho, cuesta odiarlo completamente gracias, en parte, a su caracterización y a su dura historia con M, eje central de la película, más que nunca. También regresa Q, esta vez alejado de la excentricidad de antaño, más joven que nunca, estudioso, inteligente, e incluso mordaz, contestando con acierto las frases de Bond. Con él vuelven los clásicos gadgets, mucho menos sofisticados que en anteriores entregas, pero tan necesarios a la hora de acompañar a Bond.

Skyfall, llena de virtudes, sigue en esa línea que se ha instalado con este James Bond más humanizado. Es vulnerable a ojos de todos, llora, e incluso muestra sus sentimientos más profundos. La maestría de Mendes reside en mezclar todo eso en una cinta frenética, como no puede ser de otra manera estando Bond por el medio. El fin último de la película, como mandan los cánones, es entretener al personal y agradar a los fieles de la saga. Y lo hace, vaya si lo hace.

Han sido cuatro años de tensa espera (el período más largo entre películas desde el inicio de la saga hace 50 años), pero ha merecido la pena. La crisis económica de MGM estuvo a punto de dar al traste con el último proyecto de Sam Mendes, sin embargo, tras el estreno de Skyfall sólo se escuchan voces de alegría en torno al regreso de James Bond.

A todo esto se une la maravillosa puesta en escena que siempre acompaña a Mendes, brillante de la primera a la última toma, algo ya habitual en este brillante director. Además, el regreso a los orígenes de Bond, la aparición de la casa familiar, la relación paterno filial con M, emblemática actriz que, tras siete apariciones junto al espía, se despide de la saga a lo grande. Y como colofón la majestuosa banda sonora a cargo de Adele, elegante y precisa. En definitiva, una joya que nos devuelve al mejor James Bond.

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Lo imposible, luces y sombras

Con el cine de nuestro país malherido por la última subida del IVA, la llegada a la gran pantalla de “Lo imposible” ha supuesto un soplo de aire fresco muy necesario. Desde la dirección de Juan Antonio Bayona, al que conmocionó la historia de la familia española y el fantástico trabajo de publicidad de Mediaset, la película se ha convertido en el mejor estreno en la historia del cine español, algo casi impensable viendo la actual situación que están viviendo nuestras salas. “Lo Imposible” ya es historia del cine.

Bayona, aclamado por su debut con “El orfanato”, no tuvo ninguna duda a la hora de involucrarse en un segundo proyecto. Desechó muchas propuestas para poder centrarse en esta historia que ha tardado más de cuatro años en poder ver la luz. La fuerza de los acontecimientos narrados así como la entereza de la familia en narrar los sucedido han sido dos piezas clave en todos estos años de producción, sin embargo, nada de esto hubiese sido posible sin el tremendo desembolso de 30 millones de euros a cargo de la Warner para que Bayona se luciese de esta forma.

La puesta en escena de la cinta es absolutamente colosal. El trascurso de los acontecimientos refleja la felicidad de una familia que afronta unas ilusionantes vacaciones de Navidad, sin embargo, la película nos golpea con la narración del Tsunami de una manera brutal, de como, en cuestión de segundos uno puede perder todo lo que tiene. En apenas un parpaedeo de ojos la ola se mete en todos los hogares devorando todo lo que encuentra a su paso. Es en este punto cuando más destaca el director, narrando con una destreza sin igual los acontecimientos, dejando ver como bajo el agua los objetos golpean a los cuerpos con una realidad nunca vista. El espectador, en este punto, ya es una presa de “Lo imposible”.

Desde este punto la película entra en una especie de trance, alternando luces con sombras, desde nuestro humilde punto de vista. Mientras Maria (Naomi Watts) y Lucas (Tom Holland) llegan al corazón de todos y cada uno de los espectadores, la historia de Henry (Ewan McGregor) y los otros dos pequeños carece de la fuerza necesaria. McGregor aparece demasiado perfecto siempre, demasiado “héroe” para la historia que se está narrando y los dos hermanos pequeños tienen una trascendencia nula en la película, aparecen y desaparecen como si nada, y no será hasta el reencuentro cuando muestren una clara agonía por todo lo que están viviendo.

Maria y Lucas, sin embargo, convencen a todos como madre e hijo. Al segundo le toca el papel de la agonía y la desesperación, mientras la madre es la heroína en la sombra, aguantando y resistiendo para no abandonar a su hijo en suerte. “Ahora que ya estas tú aqui, ya puedo descansar” recita la madre al contemplar por primera vez la figura de Henry, en una de las escenas más conmovedoras de la cinta.

Pese a la brillantez narrativa de Bayona en la hora y media que dura “lo imposible”, tiende a centrarse en exceso en la crudeza de los protagonistas, en reflejar la situación de miedo y agonía que viven, obviando la devastación general del Tsunami y todo lo que provoca. Vemos el caos en los hospitales, los centenares de muertos, pero son imágenes sin fuerza, sin reflejar el verdadero dramatismo que sí nos transmiten nuestros cinco protagonistas.

Y, sin duda, consideramos que el gran error o defecto del director es no sacar partido de la que para nosotros es LA ESCENA de la película. El niño al que llaman Daniel, en un momento improvisado, y fuera de guión, estamos seguros, acaricia la mano de María, en un fiel reflejo de lo que es la vida en esos momentos. Ahí consideramos que Bayona debe incidir mucho más, no solo en ese plano, narrado correctamente, si no, en la fuerza de un protagonista al que prácticamente no volvemos a ver.

En definitiva, “lo imposible” es una perfecta recreación de lo que es la vida humana en una situación límite, es una enorme potenciación a la fuerza de la familia, “si estamos todos juntos y unidos no nos pasará nada”. Bayona se luce en un proyecto irrepetible donde la historia real que hay detrás de la ficción dota de la fuerza necesaria a la cinta para convertirse en una de las grandes producciones de este 2012. Sí, han sido más de cuatro años, pero Bayona lo ha vuelto a hacer.